El amor más allá del cielo

11.04.2015

Por lo general no le temo a la página en blanco al empezar a escribir, pero esta es una de esas veces en que me digo ¡Vaya tema! ¿Podré con esto? Me llama el teclado.

Conocí la muerte cuando tenía 4 años cuando falleció mi lorito Picotín, no recuerdo bien las palabras de mi madre pero comprendí  lo que me explicaba cuando lo vi “dormido” en el jardín de mi casa; luego otros sucesos de animalitos muy amados que se fueron . Por ejemplo hasta hoy sueño con Danny, mi perrita, una cocker spaniel encantadora que fue mi hermanita durante 14 años.

Mi padre partió al cielo nueve días antes de mi cumpleaños número 14, recuerdo que  evitaba llorar para consolar a mi mamá y evitarle un sufrimiento al ver las lágrimas de su hija. Recuerdo mi listón negro en el cuello de mi suéter blanco, la gran cantidad de gente de luto, las flores. Confieso que no lo sentía – o trataba de no sentirlo- mucho, hasta que pasaron los días y empecé a percibir su imponente ausencia en cada rincón de mi vida… y las lágrimas que ya no pude guardar ¡ay las lágrimas que lavan el alma!

Pasó el tiempo y sé que hasta hoy que me protege mi papá, que me ha salvado de muchos peligros, a fin de cuentas debe ser un ángel con alas moradas porque era devoto del Señor de los Milagros.

Reconozco desde el fondo de mi alma ser muy bendecida ya que tengo a una madre hermosa que hizo las veces de padre y madre y me regala su amor incondicional cada día. Tengo un esposo simplemente maravilloso cuyo amor llega de aquí a Plutón, quien disfruta de llenar mi vida de ternura. Una suegra que es pura dulzura; amigas desde la infancia, familia que siempre está conmigo así no los vea. Estoy profundamente agradecida por tanto amor.

Hace  pocos días fui al velorio de una amiga muy cercana de mi suegra y de mi esposo, era una persona llena de luz. Se fue repentinamente de un ataque de asma porque estaba en un lugar lejano de una clínica u hospital y ya no llegó. Vi a su preciosa  hijita de siete años lanzar globos blancos al cielo como quien grita “Allá va un pedacito de mi corazón contigo más allá del cielo”, vi a su esposo aguantar las lágrimas por su hija.

El mensaje de este texto es que no hay regalo más precioso que el presente. Que nuestra vida es un soplo así dure lo que dure,  días, meses, años, un siglo o más de un siglo.

Nuestro cuerpo es el templo de nuestra alma que a la que hay que cultivar. Somos como viajeros en la vida.

Recordemos siempre expresar cuanto amamos a nuestros seres queridos;  a agradecer por los regalos que nos da Dios, la naturaleza, una puesta de sol, la sonrisa de un niño. Esos detallitos aparentemente simples que damos por sentado que allí van a estar siempre y que a veces no nos detenemos a mirar.

Agradezcamos por quien somos, por nuestros seres queridos y la humanidad entera.  Perdonemos a  tiempo, desprendámonos de los rencores. Nutramos nuestra mente de pensamientos positivos que saquen a relucir aquella luz que todos tenemos en nuestra alma.

Vemos pues que la superficie tiene un fin, pero el AMOR, que damos del cual llenamos nuestro espíritu nos hace seres trascendentes, nos hace más humanos.

Con amor,

4 Comentarios

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  • ALICIA | | Responder

    Que bonito escribes Mily, y eso de los globos blancos muy simbólico el gesto

    • Milagros Neyra | | Responder

      Gracias por tus palabras Alicia besos 🙂

  • ROMI | | Responder

    No tengo mucho que decir salvo que me da paz 🙂

    • Milagros Neyra | | Responder

      Me alegro de que te inspire paz besos!

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